Escrito por: Andrés Lasso Ruales

Casa de Ana en Italia. Su familia optó por el anonimato.

“Cuando llegamos a nuestro hogar del iN’s Mercato junto a mi esposo después de una larga jornada de fila y de espera, en casa nos esperaban nuestros hijos con guantes, mascarillas y con dos lavacaras de agua y cloro. Ambos nos recibieron las provisiones y comenzaron a lavar los dos carritos de las compras. Nosotros procedimos a quitarnos los zapatos y ha desinfectarlos, después nos lavamos las manos, y nos colocamos de nuevo guantes para el proceso de desinfectar los alimentos”.

La crisis sanitaria ha devenido en crisis humanitaria, con punto de origen en China a fines de diciembre y rápidamente expandida a nivel global, por la acelerada difusión del Covid 19, incrementada por la interconexión mundial, la aguda urbanización planetaria, la debilidad de los sistemas públicos de salud, aquejados por décadas de políticas neoliberales, y menospreciada por estrechas élites gobernantes (los Trump y Bolsonaro), hoy pone en cuestión si el mundo construido es capaz o no de proteger la vida de sus habitantes.

En Quito, debido al distanciamiento social, se aceleró la implementación de nuevas ciclovías. Solo en los próximos meses se van a habilitar más de 60 kilómetros de carriles protegidos, exclusivamente para este fin. Y a pesar de que la capital ecuatoriana todavía está lejos de ser una ciudad de bicicletas, el hecho de que el transporte público va a volver muy de a poco evidencia las prioridades del municipio.

El cielo sobre Quito está despejado como pocas veces durante las últimas décadas. Es una consecuencia directa de la disminución de la circulación vehicular, dice Valeria Díaz. En la entrevista, la ingeniera química a cargo del levantamiento de datos sobre la calidad del aire en el Municipio de Quito, habla sobre las incidencias del Covid-19 en la contaminación y explica por qué los motores a diésel son los más perjudiciales para la salud humana.

Augusto de la Torre, ex jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, ha tomado la posta como vocero de quienes, por mérito propio, se han hecho acreedores al calificativo de terroristas económicos. En estos días salió a defender el plan económico presentado por el presidente Lenín Moreno bajo el nombre de Ley Humanitaria y, días después, «sugirió» que para enfrentar la situación  económica del país debería reducirse el salario básico vigente.

Parece que la irracionalidad se ha apoderado totalmente del gobierno. Envía una Ley Humanitaria a la Asamblea Nacional para recortar los salarios de la población durante nueve meses. Cuando miles de personas están impagas y siguen siendo despedidas y de modo inconstitucional manifiesta que una comisión de la sociedad civil elegida a dedo manejará estos dineros públicos. ¿Por qué no actuar como otros gobiernos y hacerse cargo del 70% de los ingresos básicos de las economías informales y populares y de las pequeñas empresas quebradas?