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viernes, abril 24, 2026

DAVID HARVEY: la inteligencia artificial ya camina por las calles antes de que tengamos un mapa para entenderla

Nota Antropológica 

23  de abril 2026

El geógrafo David Harvey desmenuza la conexión entre inteligencia artificial, despojo de vivienda y una economía que ya no fabrica cosas sino experiencias.
Imagina despertar en la misma ciudad pero sin el empleo que te permitía pagar tu renta. El restaurante donde trabajabas ahora usa un sistema automatizado para tomar las órdenes y tu vecino de a lado recibió una oferta irrechazable para vender su departamento a un fondo de inversión que después construirá un edificio de departamentos. Lo que parece una escena de ciencia ficción ya comenzó a ocurrir en muchos rincones del planeta. Durante un conversatorio realizado en el Palacio de la Autonomía, el geógrafo David Harvey explicó que la inteligencia artificial no es un demonio suelto sino un engranaje que encaja en una secuencia histórica en el que ciertos patrones se están repitiendo.
El encuentro, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva y Urban Front, reunió a académicos, funcionarios y ciudadanos. Ahí se expuso que la automatización acelerada podría eliminar entre 600 y 800 millones de puestos de trabajo en los próximos tres años. La cifra suena descabellada, pero Harvey la colocó dentro de una tendencia que viene desde antes. Cada gran innovación tecnológica ha generado una expectativa libertaria seguida de una concentración de poder. La máquina de vapor, el internet y ahora los algoritmos financieros repiten la misma secuencia pero con distinto disfraz. El propio autor lo dijo “Estoy tratando de alejarme de esto y al mismo tiempo hay una enorme ola de especulaciones al respecto. Lo único que pensé que podía hacer en relación con esto es observar el papel de las innovaciones y transformaciones tecnológicas en la historia del capital.”
En su trabajo reciente Harvey describe lo que llama una “doble conciencia” para explicar cómo conviven las posibilidades emancipadoras de la tecnología con dinámicas que acrecientan la desigualdad. El internet de los años noventa prometía una red horizontal y autogestionada, pero en menos de una década se transformó en un ecosistema controlado por corporaciones que monetizan cada interacción. Hoy la inteligencia artificial sigue esa misma ruta y Harvey la define como una abstracción que gobierna sin rostro.
El geógrafo lo platea así “¿Cómo luchas contra una abstracción? En los viejos tiempos tomabas tu horca y marchabas hacia el castillo y golpeabas a alguien. Ni siquiera puedes ver de dónde viene el poder, de dónde viene la abstracción.”
Para entender esta trampa conceptual Harvey recurrió a un experimento personal que compartió con los asistentes. “Solo por curiosidad pensé en preguntarle a la inteligencia artificial qué tipo de mundo se produciría dado mi análisis de la naturaleza del capital. Me dió una respuesta muy buena. “El sistema me describió una sociedad donde un diez por ciento de la población mundial vive una vida maravillosa en entornos metropolitanos increíbles mientras el noventa por ciento restante recibe apenas un ingreso básico universal. Harvey no se detuvo en la anécdota sino que la usó para mostrar cómo incluso las herramientas que pretenden diagnosticar el futuro ya están programadas para naturalizar la desigualdad.
La discusión lo llevó al problema de la vivienda en las ciudades. En Estados Unidos, tal como mencionó el propio Harvey, se está produciendo una acumulación por desposesión. Los grandes capitales compran viviendas unifamiliares y las transforman en rentas permanentes, lo cual expulsa a las familias que antes eran propietarias.
En México ocurre algo parecido con las inmobiliarias y los fideicomisos que adquieren tierra en zonas deterioradas o estratégicas para resguardar capital. No siempre construyen, a veces solo esperan. Utilizan esos terrenos como garantía para instrumentos financieros y mientras tanto la necesidad de vivienda social se acumula sin respuesta.
“Durante mi experiencia en el sector vivienda, resultó evidente que el mercado —basado estrictamente en el valor de cambio— solo satisface las necesidades de la mitad de la población en ciudades como Baltimore. El 50% restante queda excluido, pues los mecanismos de mercado son incapaces de garantizar el acceso a una vivienda para quienes no alcanzan los niveles de rentabilidad exigidos por el modelo comercial.” Esta distinción resulta esencial. Quien necesita un techo donde vivir persigue un valor de uso. Quien adquiere departamentos para rentarlos en plataformas de corta estancia o para revenderlos cuando el mercado persigue un valor de cambio. Cuando el mercado inmobiliario sube. Se rige solo por este último principio la ciudad deja de ser un espacio para habitar y se convierte en un tablero de especulación.
Esta lógica coincide con un diagnóstico más amplio que apareció en el conversatorio. La economía contemporánea ya no depende tanto de producir objetos durables sino de fabricar experiencias inmediatas. El turismo masivo, los espectáculos deportivos transformados en megaeventos y el consumo fugaz de moda semanal absorben el excedente de capital. Harvey lo describió con una imagen tan precisa como inquietante “El capital ya no invierte en producir mercancías. Produce experiencias. El turismo es uno de los medios centrales para hacer eso y tenemos movimientos turísticos por todo el mundo y movimientos antiturísticos por todo el mundo y ya no sabemos qué hacer con el turismo y Airbnb.”
Harvey insistió en que estas tendencias no son desviaciones de un modelo que debería funcionar en equilibrio. Son el funcionamiento mismo del sistema. Las crisis periódicas y las burbujas inmobiliarias no son accidentes sino expresiones de una contradicción interna que los manuales de economía tradicional no suelen nombrar.
Hoy ese papel está vacante o debilitado. Harvey lo expresó con una pregunta “Esto plantea lo que para mí es la pregunta fantástica: ¿quién va a salvar al capital de los capitalistas? Piénsenlo.”
El conversatorio dejó una idea difícil de dejar de lado. La inteligencia artificial es un eslabón de una cadena larga donde cada avance técnico se inserta en relaciones de propiedad, trabajo y poder que ya estaban ahí. Cambiar el desenlace no depende de detener las máquinas sino de decidir colectivamente para qué y para quién funcionan.
Harvey cerró esa línea de pensamiento con una distinción que merece atención “Las contradicciones no son como los problemas. Los problemas los puedes resolver. Las contradicciones solo las puedes gestionar.”
Fuente:
Harvey, D. (2026) Conversatorio con el doctor David Harvey. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la CDMX. 17 de abril.
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