Por Mario Unda

Uno de los signos de estos tiempos es la guerra contra el trabajo. Y, la epidemia, con su secuela de temor, ansiedad y desesperación, les vino “como anillo al dedo” (la frase es de un alto funcionario gubernamental) para lanzar sobre las clases laboriosas los golpes salvajes y despiadados que la resistencia popular contuvo desde 1981.

Por Juan Paz y Miño* 

La conferencia de Bretton Woods (BW, 1944) fue el punto de partida de la mundialización económica hegemonizada por EEUU. Allí nacieron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, conocido como Banco Mundial – BM), que concretaron dos áreas: la monetario-financiera y la relativa al desarrollo. Más difícil fue lograr un acuerdo en el campo comercial, aunque en 1947 entró en vigor el GATT (General Agreement on Tariffs and Trade), que funcionó de facto entre las partes contratantes durante cerca de medio siglo, aunque con carácter provisional y ocupándose exclusivamente del comercio de bienes. Su irregular funcionamiento condujo a la Ronda Uruguay (1986 a 1994), que dio origen a la Organización Mundial de Comercio (OMC, 1995), que acordó regulaciones obligatorias no solo de bienes, sino también de servicios y, además, sobre la propiedad intelectual.

Por Alfredo Espinosa Rodríguez* 

El Estado y sus representantes repudian a sus servidores públicos. Los hostigan todos los meses con despidos, estrés laboral, ataques a su autoestima, bajas de sueldos y atrasos en sus pagos.  No importa si estos ganan mucho o poco. Tampoco cuánto trabajan. Menos si son corruptos o no.  Hemos pasado de una época en la que se intentó transformar a los funcionarios estatales en militantes del partido de gobierno, a otra caracterizada por el desprecio de los ciudadanos –exteriorizado en redes sociales con insultos y generalidades canallescas– que los asocia como los únicos causantes del descalabro económico de la república.

Hugo, el búho

En la comodidad de sus humildes casómetros, aquí o en Miami, la noche del 15 de mayo, los sacrosantos empresarios y banqueros de ecuatorianos, conectados en línea con el Ministro de Finanzas, Richard Martínez, con Jaime Nebot, Guillermo Lasso, María Paula Romo y unos cuantos periodistas adictos al poder, monitoreaban los votos que se necesitaban en la Asamblea Nacional para aprobar la “Ley ApoyoHumanitario”, que al fin después de décadas de sufrimiento patronal, se hacía realidad. Al fin los empresarios podrían pagar lo que les venga en gana a esos obreros y empleados vagos; y ellos, solo ellos, pondrán las condiciones de cómo y cuándo se trabaja.