06 de abril 2026
El 3 de abril de 2026, durante el “Semillero Abril del 2026” en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el capitán Marcos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) expuso una serie de afirmaciones que resumen el núcleo de un tipo de anarquismo de carácter funcional al neoliberalismo en la región.
Dijo textualmente:
“La víctima principal de la etapa actual del capitalismo es el Estado-Nación que ahora ya no tiene ninguna capacidad de decisión”.
“Según nosotros, podemos equivocarnos, la reconstrucción del Estado-Nación no es posible porque ya no tiene bases fundamentales”.
Marcos fundamentó esta posición en una genealogía del Estado-nación como creación original de la burguesía europea:
“El Estado-Nación nace para el capitalismo, o sea, la burguesía necesita un Estado, un territorio, una moneda, unas leyes, una delimitación geográfica, uno escudo, una bandera. Y entonces nacen los Estados nacionales”.
Para concluir que hoy el capitalismo ha superado esa fase:
“El capitalismo, el sistema, necesita que las mercancías circulen… Para eso les estorban las monedas nacionales, la estructura jurídica nacional, la gobernanza… Entonces, vienen los tratados de libre comercio y las fronteras se abren para las inversiones y las mercancías y se cierran para los seres humanos”.
La conclusión es lapidaria:
“El Estado-Nación no tiene ninguna capacidad de decisión. La soberanía es un chiste mal contado”.
La primera falacia del planteamiento de Marcos es de tipo categorial,toma las características históricas del Estado capitalista como propiedades eternas e inmutables de cualquier forma estatal. Esto es precisamente lo que Lenin criticó en El Estado y la revolución (1917):
“La cuestión esencial del Estado es: ¿qué clase política está en el poder? A quién sirve el Estado, a quién beneficia, a quién oprime. Los anarquistas quieren ‘abolir’ el Estado sin preguntarse qué clase lo controla”.
Cuando Marcos entabla la relación entre el Estado-Nación y el capitalismo,pero comete un error lógico al concluir que el Estado no puede servir a otros proyectos de clase que no sean los burgueses. La historia de las revoluciones del siglo XX evidenció que la cuestión estatal es más compleja,cómo se demostró en la Rusia soviética, la Revolución China o las revoluciones mexicana,cubana y la Bolivia del 52,donde las masas populares lucharon por el poder y el aparato estatal, y lo transformaron radicalmente para servir a los intereses de los trabajadores y campesinos.
El problema no es el Estado en sí, visto como una sustancia inmutable, sino qué clase política lo domina. Un Estado controlado por la burguesía dependiente es efectivamente en términos históricos ajeno a la autodeterminación o soberanía nacional.Empero,un Estado articulado por la lucha obrero-campesina puede ser un puntal crucial de la liberación nacional y social. Marcos elimina esta distinción y, con ella, cualquier posibilidad de estrategia revolucionaria seria,solo quedan las palabras rimbombantes,pero vacías.
La segunda crítica, más grave aún, es que la posición de Marcos coincide objetivamente con los intereses del capital transnacional. El imperialismo no quiere Estados nacionales fuertes en la periferia; quiere Estados fragmentados, endeudados, sin capacidad regulatoria ni militar, abiertos al saqueo de sus recursos. La tesis de Marcos,es la tesis recalentada de la globalización neoliberal,que predica la desaparición del Estado-Nación, como forma de naturalización del proceso de privatización de los bienes públicos. La tesis de la “muerte del Estado-nación” es una ilusión ideológica que beneficia al capital. El imperialismo necesita que los revolucionarios de la periferia crean que el Estado nacional es un fósil inútil, porque así no construirán una resistencia estatal organizada frente a la penetración de las corporaciones transnacionales.
Marcos mismo aporta evidencia contra su tesis cuando se pregunta:
“¿Por qué el pueblo de Cuba se prepara para una invasión? Si se supone que están bajo una dictadura, ¿por qué no sale a las calles a decir: Sí, invádanos y libérennos?”.
La respuesta es obvia,porque Cuba tiene un Estado soberano que, a pesar de todas sus dificultades, ha defendido la autodeterminación nacional durante más de 60 años. Ese Estado —con su ejército, su sistema educativo, sistema de salud,su planificación central— es precisamente lo que Marcos dice que “no es posible reconstruir”. Y sin embargo, existe y resiste.
Claramente, el error más profundo de Marcos es desconocer la especificidad y particularidad de los procesos de formación estatal en América Latina. A diferencia de Europa, donde el Estado-nación fue efectivamente una creación burguesa “desde arriba”,en nuestra región los Estados nacionales,cuando surgieron realmente,fueron la resultante de la movilización de las masas en las luchas populares anticoloniales y antiimperialistas. Aquello que René Zavaleta Mercado (1986),identificó en Bolivia, pudo observarse en otras latitudes de nuestro continente:
“La oligarquía boliviana nunca pudo construir una verdadera nación. Su desprecio por el territorio, su sumisión al capital extranjero, su racismo antiindígena impidieron cualquier integración nacional real. Solo las masas populares —indígenas, mineros, campesinos— pudieron dar contenido real a la nación”.
La Revolución Nacional de 1952 en Bolivia es el ejemplo paradigmático: la nacionalización de las minas, la reforma agraria y el voto universal no fueron concesiones de la burguesía, sino conquistas populares que construyeron un Estado nacional donde antes solo había un “cascarón” oligárquico dependiente del capital trasnacional,que reproducía las semiformas estatales en las cuales se negaba y oprimía a la nación.
Lo mismo ocurrió con la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas en México (1938), la Revolución Cubana (1959),el Peronismo (1945) y el gobierno de la Unidad Popular en Chile (1970-1973). En todos estos casos, la burguesía local se opuso ferozmente a la soberanía nacional porque su modelo de acumulación dependía del capital extranjero. Fueron los movimientos nacional-populares los que forzaron la construcción de los Estados-Nación soberanos,no fue una mera imitación de la vía europea .
Zavaleta fue explícito sobre la relación entre nación y lucha de clases:
“Creer que uno solo es nacional cuando niega el mundo, es inexacto. Ser uno mismo es ser en el mundo. La nación no es una esencia metafísica: es el escenario concreto donde las masas subalternas organizan su resistencia y construyen su poder”.
Desde esta perspectiva, la afirmación de Marcos de que “la reconstrucción del Estado-Nación no es posible” no solo es falsa históricamente, sino que es reaccionaria en sus consecuencias políticas. Porque implica decirle a los pueblos oprimidos de América Latina,renuncien a la soberanía nacional, que sólo es posible con el poder del Estado,resignense a la fragmentación, conformense con la romantización de las “micro-resistencias” locales,mientras el capital global los devora.
La corriente que Marcos representa —junto a John Holloway, Raúl Zibechi,Raquel Gutiérrez, Luis Tapia,Jorge Viaña,Rafael Bautista y Raúl Prada— no es nueva. Es la reedición en clave posmoderna y neoliberal del viejo anarquismo que el marxismo combatió hace un siglo. Holloway escribió Cambiar el mundo sin tomar el poder (2002), título que ya delata su núcleo ideológico,que se busca repetir en la actualidad,caracterizada por la renuncia a la estrategia de la toma del poder del Estado en nombre de una ética de la “autonomía”.
La práctica del EZLN confirma esta crítica. Durante tres décadas, hasta antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador,los zapatistas han construido autonomías locales,y mientras ellos se concentraban en sus “micro-resistencias”, los neoliberales con el poder del Estado hicieron que las empresas transnacionales, los megaproyectos mineros y energéticos,y la paramilitarización del narcotráfico avanzará inmisericordemente. El resultado es que las autonomías zapatistas sobreviven, sin capacidad de generar y proyectar su modelo a escala nacional, mientras el Estado mexicano —débil frente al capital pero fuerte frente al pueblo— estuvo sirviendo a los intereses de Estados Unidos y las corporaciones. La “rebelión sin toma del poder” no ha detenido al imperialismo.
En realidad,sin Estado nacional no hay liberación nacional. Esta afirmación, que puede parecer obvia para cualquier marxista clásico, se ha vuelto controvertida,precisamente, por la influencia del anarquismo posmoderno, cuyo origen está en la academia francesa y anglosajona,aunque trate de presentárselo como indígena y latinoamericano.
¿Cómo logró Cuba resistir el bloqueo más largo de la historia? Mediante un Estado centralizado que planificó la economía, nacionalizó los recursos, organizó la defensa militar y garantizó la educación y la salud universales. ¿Cómo nacionalizó Cárdenas el petróleo en 1938? Con el Estado mexicano como eje de la soberanía popular. ¿Cómo derrotó el sandinismo a la dictadura somocista? Tomando el poder estatal.
En todos estos casos, el Estado nacional fue el resultado de luchas populares y el modo para profundizarlas. No era un “fetiche burgués” ni un “obstáculo” para la revolución,era su condición de posibilidad.
El imperialismo lo sabe. Por eso su primera tarea siempre es debilitar,erosionar o destruir los Estados nacionales de la periferia capitalista. Por eso, impone deudas externas insostenibles, condicionalidades del FMI, tratados de libre comercio, cláusulas de arbitraje internacional y, cuando es necesario, intervenciones militares. Por eso,también,financia ONGs,fundaciones y a una pseudointelectualidad que promueven el “posdesarrollo”, la “descolonización del saber” y la “autonomía sin Estado”. Porque sabe el imperialismo,que Estados nacionales fuertes y soberanos son la única barrera efectiva para evitar el saqueo de nuestros países.
Cuando Marcos dice que “la soberanía es un chiste mal contado”, está, sin saberlo o queriéndolo, repitiendo la lección que el imperialismo quiere que los pueblos oprimidos aprendan. Pero la historia enseña lo contrario en America Latina,la soberanía nacional se conquista con lucha, se defiende con organización popular, y se pierde definitivamente cuando se abandona la lucha por el Estado.
Marcos y la corriente neoanarquista que representa han realizado una equivocada conclusión —que el Estado-nación “ya no tiene capacidad de decisión” y que “no es posible reconstruirlo”— es un error teórico y político de graves consecuencias. El hecho,que las burguesías locales son dependientes y compradoras,y han producido formas estatales con escaso poder de decisión; no implica que las masas populares no pueden dar contenido real a la nación y a su estructura política que es el Estado nacional. Allí donde fallaron las lumpenburguesias latinoamericanas,abre camino a otros proyectos nacidos de lo nacional-popular. En realidad,aún asistimos a la vigencia de la lucha por la soberanía nacional como condición necesaria para la liberación social. Sin control estatal sobre el territorio, los recursos naturales, la moneda y las fronteras, cualquier proyecto emancipatorio es inviable e ilusorio.
El rechazo al anarquismo posmoderno como ideología de la derrota que, bajo una retórica popular o radical, renuncia a la única estrategia que históricamente ha derrotado al imperialismo: la conquista del poder estatal. Frente a la afirmación reacciona de Marcos,que a estas alturas solo engaña a ingenuos,sobre “la reconstrucción del Estado-Nación no es posible”, respondemos que la historia de Hugo Chávez,Evo Morales,Cristina Fernández de Kirchner,Andrés Manuel López Obrado y otros, han demostrado que los Estados,si se lucha por ellos,pueden servir al pueblo y no a las oligarquías ni al capital extranjero.
Frente a la declaración de que “la soberanía es un chiste mal contado”, respondemos con la historia de todos los pueblos que han derrotado al colonialismo y al imperialismo: Cuba, Vietnam,Argelia, Bolivia 1952, México 1938. En todos esos casos, hubo un Estado nacional forjado en la lucha popular.
Por tanto,la tarea revolucionaria de nuestra época no es abandonar el Estado-nación, sino reconstruirlo radicalmente sobre bases populares, democráticas y socialistas. Sin Estado nacional, no hay liberación nacional. Sin liberación nacional, no hay internacionalismo ni integración latinoamericana posible, porque solo pueblos libres en sus territorios pueden articularse efectivamente entre sí.
Hoy,el imperialismo norteamericano ante su crisis de hegemonía,busca reconstituirse mediante la ampliación y profundización de la dominación en la región. En el marco de ese proyecto,se busca rehabilitar viejas tesis fracasadas del anarquismo funcional al neoliberalismo y,al mismo tiempo,debilitar los auténticos nacionalismos,que en América Latina siempre fueron proyectos de masas y revolucionarios por el poder estatal. Y como escribió el Che Guevara: “La revolución no es una manzana que cae cuando está madura. Hay que hacerla caer”. Y para hacerla caer, hay que tomar el poder. No hay atajos. No hay “grietas”. No hay “micro-resistencias” que reemplacen la conquista del Estado. Esa es la lección que los pueblos latinoamericanos están resueltos a afirmar en su praxis revolucionaria y de liberación.
· Guevara, E. (1965). El socialismo y el hombre en Cuba.
· Holloway, J. (2002). Cambiar el mundo sin tomar el poder. Barcelona: El Viejo Topo.
· Lenin, V. I. (1917). El Estado y la revolución. Moscú: Editorial Progreso.
· Lenin, V. I. (1902). ¿Qué hacer?. Moscú: Editorial Progreso.
· Marcos, Subcomandante (2026, 3 de abril). “EZLN afirma que el Estado-nación ya no tiene capacidad de decisión”. La Jornada.
· Mariátegui, J. C. (1928). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta.
· Poulantzas, N. (1978). Estado, poder y socialismo. México: Siglo XXI.
· Zavaleta, R. (1974). El poder dual. La Paz: Editorial Los Amigos del Libro.
· Zavaleta, R. (1986). Lo nacional-popular en Bolivia. La Paz: Editorial Plural.
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