19 de agosto 2025
Gerard Coffey y Ela Zambrano
Cuando hablamos de la Inteligencia Artificial (IA), en muchos casos, se hace referencia a la posibilidad de que los seres humanos sean marginados y hasta eliminados por una forma de inteligencia maligna que logra escapar de nuestro control. Para varios, el escenario no es de pura ciencia ficción, sino que representa una posibilidad real. Pero hay otro aspecto de la Inteligencia Artificial que recibe menos atención: el impacto que puede tener en el mundo del trabajo, el miedo de que la IA pudiera reemplazar casi todos los empleos que ahora tenemos y destinar a la mayoría de las personas a una vida de miseria.
PARTE 1
Una precariedad generalizada y permanente
No es que en este momento estemos muy bien en el ámbito laboral, más bien es todo lo contrario. A escala global, dice la Organización Internacional de Trabajo (OIT), el 60% de los trabajadores se encuentra en el sector informal. El dato no sorprende, porque, por desgracia, en América Latina la precariedad del trabajo es la regla más que la excepción. En la mayoría de los países de esta parte del mundo –las excepciones continúan siendo Chile y Uruguay- el nivel de informalidad y desempleo combinado supera, a veces con creces, el nivel de empleo digno, que es aquel de 40 horas por semana, con remuneración y con afiliación a la seguridad social. Es una situación lamentable que hayamos llegado a aceptar esto como la norma.
La OIT dice que en Latinoamérica casi la mitad de las personas ocupadas (aproximadamente 47%) se encuentran en situación de informalidad, aun cuando hay importantes diferencias entre países. En Uruguay y Chile las tasas de informalidad son inferiores al 30%, mientras en Bolivia, Perú y Ecuador, esta rodea el 70% o más. Argentina, a pesar de su aparentemente inevitable turbulencia político-económica, está entre los dos polos. Las cifras nacionales, sin embargo, suelen ocultar diferencias internas, que son incluso abismales en Ecuador, como por ejemplo, entre las provincias de Esmeraldas y Pichincha[1], o entre el campo y las áreas urbanas.
Para complicar la situación, los altos niveles de informalidad persisten en un contexto de mayor participación laboral. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre 1991 y 2024 la fuerza laboral en la región latinoamericana –es decir, la población en edad de trabajar que está empleada o activamente buscando empleo– creció del 66% al 70%, incremento impulsado, en gran parte, por un aumento significativo en el número de mujeres participantes: de 49% a aproximadamente 60%.
Al mismo tiempo, se ve una mejora en el nivel educativo de los trabajadores: entre 2006 y 2024, la proporción de trabajadores con secundaria completa pasó de 39% a 56%, y con educación universitaria de 11% a 16%.
En otras circunstancias, esta subida del nivel educativo pudiera ser vista como algo positivo… pero no lo es porque:
- En una realidad donde la tasa de informalidad cambia poco o nada, muchos de los jóvenes que invirtieron dinero y tiempo en conseguir un título, hasta una maestría o un doctorado, aún no pueden estar seguros de conseguir un trabajo digno.
- Muchos gobiernos de la región, incluyendo el ecuatoriano, están enfatizando en el fomento de la educación privada a costa de la pública, lo que implica menos acceso para jóvenes sin recursos o la acumulación de altos niveles de deuda que, en un mercado laboral de tal nivel de precariedad, serán imposibles de pagar.
- La posibilidad de un trabajo digno para personas sin título es casi nula.
- La desigualdad económica y social, por lo tanto, se incrementará.
Efectivamente, datos de la OIT confirman que la falta de empleo para jóvenes a escala internacional ha subido a “un nivel crítico”[3] – es decir, al 12,5%, o el triple de la tasa de adultos desempleados – mientras que la informalidad entre jóvenes se ubica en el 56%. Al mismo tiempo, existe un grupo cada vez mayor de jóvenes que no estudian ni trabajan, los llamados ‘ninis’: se estima que en Latinoamérica el 20% de los jóvenes entran en esa categoría. Para peor, de este 20%, el 70% son mujeres[4]. Tener título tampoco representa una garantía: en Ecuador, el 42,4% de las personas con título profesional, es decir, unas 550.459 personas, trabajan en actividades distintas a la especialidad que estudiaron.[5]
Ecuador: entre la IA y la pared
Para examinar en detalle el estado del mercado laboral ecuatoriano, será preciso establecer unas definiciones. Las formas de medir el desempleo, la informalidad y la precariedad varían, y a veces están estructuradas para confundir y ocultar una penosa y políticamente desfavorable situación laboral.
Según el Boletín del Observatorio Pobreza, Desigualdad, y Empleo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)[6], el empleo formal consiste en un salario que alcanza el mínimo básico unificado, una jornada semanal de 40 horas, afiliación a la seguridad social y cumplimiento tributario. Por otro lado, el empleo es considerado informal si él o la trabajador/a: 1. Gana menos del salario mínimo legal, 2. Trabaja menos de cuarenta horas a la semana aunque desea trabajar más; 3. No recibe remuneración; 4. No está afiliado a la seguridad social o el empleador no cuenta con el Registro Único de Contribuyente (RUC) del Servicio de Rentas Internas (SRI).
Utilizando estas categorías, se ve que en 2025 el 77,4% de los trabajadores ecuatorianos/as se encontraban en la informalidad: cifra que representa un retroceso en comparación con 2013. En ese año, el nivel de informalidad alcanzó su nivel más bajo en las últimas décadas, el 66%, lo que, si bien representaba un avance, aún estuvo lejos de un nivel que se podría considerar aceptable.
Tampoco es aceptable el nivel de informalidad laboral en el sector indígena que en 2025 alcanzó un asombroso 93,9% de la población ocupada. Es el sector más afectado, seguido por las personas afroecuatorianas con un igualmente asombroso nivel de informalidad de 82,5%. La diferencia entre indígenas y blancos/mestizos fue de 20,3 puntos porcentuales, y entre afroecuatorianos y blancos/mestizos de 11,4 puntos. Como dice el boletín, esto evidencia “niveles de racismo persistente en las relaciones laborales”.
Por mala fortuna, el período de relativo progreso que se veía hasta 2014 se truncó debido a condiciones económicas adversas: en 2015 los precios promedio del petróleo Oriente y Napo bajaron a 32,32 USD y 28,56 USD por barril, respectivamente.[7] La situación se profundizó con llegada a Carondelet de Lenín Moreno en 2017, y Guillermo Lasso en 2021. Moreno, con la ayuda del ministro de Finanzas, Richard Martínez, y en contra del mandato que recibió en 2017, inició una época de austeridad bajo los auspicios del Fondo Monetario Internacional (FMI), política que fue profundizada por Lasso, y llevada al extremo por el actual gobierno de Daniel Noboa.
Es pertinente enfatizar que aquí estamos hablando de números y de estadísticas, pero la gente -los vecinos, los parientes y los niños- no son números. Son las personas que sufren las consecuencias de la informalidad y el desempleo: es decir, la desesperanza y la pobreza. Y la pobreza mata directamente cuando no hay dinero para tratamientos médicos que ya no están disponibles debido a los recortes en el presupuesto de salud del Estado. La pobreza también mata indirectamente, porque en situaciones de pobreza, la violencia doméstica se incrementa[8]. Y ahora, con la llegada de la Inteligencia Artificial (IA), se inicia una nueva época en la cual los trabajadores del mundo enfrentarán nuevas amenazas y, de ahí, una mayor precariedad. El cambio parece imparable.
PARTE 2
Los trabajadores y el mundo feliz de la IA
La inteligencia artificial (IA) se expande con una rapidez histórica asombrosa, impulsada por la carrera entre las empresas creadoras, para no quedarse atrás, y entre los Estados Unidos y China por el dominio global. Ambas potencias consideran a la IA como su arma más poderosa y ninguna de las dos está dispuesta a parar pese a los riesgos para la humanidad.
Al respecto, Steve Keen, profesor emérito en la Universidad de California (UCL)[9], sugiere que la batalla ya terminó y China ganó, porque a la larga las empresas estadounidenses no podrán competir. La razón, considera, radica en que las plataformas abiertas chinas como DeepSeek y la recientemente lanzada Kimi K3 muestran capacidades similares a los modelos de sus competidores estadounidenses, pero no solo gozan de mayor flexibilidad y menor costo para el usuario, sino que también de una ventaja de costo de producción tan desproporcionada, que empresas como Anthropic y OpenAI, con sus plataformas más caras, podrían hasta quebrar.
¿Exageración? Posiblemente, pero el gobierno estadounidense de Donald Trump no lo toma a la ligera y está considerando intervenir en el mercado para prohibir el uso de IA abierta china. El problema es que el costo para las empresas privadas podría alcanzar billones de dólares[10] e implicar una pérdida de competitividad frente a empresas en cualquier parte del mundo que cuentan con acceso a modelos chinos. Intervenir, opina otro experto, podría tener impactos graves en la bolsa[11].
Ahora bien, cualquiera que sea la suerte de las empresas de IA de EE.UU., el pronóstico de que “La IA viene por nuestros trabajos” ha llegado casi a un nivel de coro. Hay voces serias, como las del reconocido historiador Yuval Harari, que creen que esto no es una exageración, por lo que es preciso prestar atención a los impactos en el sector laboral. Ignorarlo podría ser costoso, porque si los pronósticos de desplazamiento laboral son correctos, la vida en América Latina parece destinada a ser más precaria aún.
También hay señales desde el exterior que nos deben preocupar. Según el banco de inversiones estadounidense, Goldman Sachs,[12] en los Estados Unidos unos 15 millones de empleos podrían desaparecer en la próxima década, lo que representa un 9% de la fuerza laboral. De esos empleos, los puestos de oficina de nivel inicial y las tareas administrativas básicas serían los más vulnerables, y los nuevos trabajadores correrían mayor riesgo que los actuales, complicando las posibilidades de los jóvenes recién graduados.
Hasta ahora no se ha materializado el pronóstico. No obstante, el último informe sobre el mercado laboral en los EE.UU. fue inesperadamente negativo y existen voces contrarias que creen que el efecto no será tan dramático como muchos pronostican. No obstante, el proceso y el entorno laboral no cambiarán de la noche a la mañana, aun cuando la revista El Economista estime que el 20% de los trabajadores estadounidenses teme que la inteligencia artificial elimine su empleo dentro de cinco años.[13]
Por eso es importante entender la naturaleza de lo que estamos atravesando. Esta revolución tecnológica, como la revolución industrial, será un proceso extendido, que no durará un año, ni cinco, ni diez,[14] sino que seguirá cambiando el escenario laboral durante décadas. Si el Yuval Harari tiene razón, lo que estamos viendo es el fin de los empleos de por vida, con la implicación de que muchos trabajadores reemplazados por la IA tendrán que aprender y seguir aprendiendo nuevas técnicas para sobrevivir en un mercado laboral distinto, más reducido y más restringido.
¿El futuro es AI?
A pesar de las serias dudas que existen respecto de la rentabilidad y hasta la viabilidad de las principales empresas de IA de Estados Unidos, sobre todo concerniente a la extraordinaria cantidad de deuda que las denominadas ‘hyperscalers’[15] han contratado para expandir sus operaciones -USD 350 billones (mil millones) en 5 años[16], más un estimado USD 1,65 trillones en compromisos no contabilizados[17]– parece claro que la IA en sí no va a desaparecer.
Lo que también está claro es que sí habrá impactos en el mercado laboral, aunque no se sabe qué tan severos serán estos efectos y cuánto tiempo se llevarán en manifestarse. Algunos expertos consideran que en América Latina pueden ser menores, distintos y más lentos en aparecer que en el Norte Global, debido a la menor y más lenta adopción de las tecnologías. Es más, creen más probable que la IA ayude a mejorar los procesos antes que reemplazar a las personas[18].
Visto desde este lado del mundo, si bien en América Latina la adopción de la IA ha sido relativamente rápida en áreas como el uso personal de plataformas tipo ChatGpt y Deepseek, en el sector empresarial, en general, la penetración de AI ha sido más lenta.[19] Pero la región no es homogénea y existen diferencias importantes entre países. Según la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), los líderes en la implementación de la IA en América Latina son Brasil, Uruguay y Chile, todos ellos países con capacidad económica. Luego aparece México, por su cercanía a Estados Unidos y su dependencia del mercado de ese país.
En cambio, aquí en Ecuador, dice Diana Veintimilla, docente de la Universidad Central de Ecuador (UCE), la estructura económica y el empleo están concentrados (90%)[20] en las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES). Por tanto, opina, la situación es distinta. Muchas, si no una mayoría de esas empresas, no cuentan con los recursos para implementar plenamente las tecnologías disponibles, aún cuando estas sean modelos chinos de acceso abierto, y tampoco existen los datos que los modelos necesitan para operar. Por eso, explica, la posibilidad de pérdida de empleo a manos de la IA podría ser sobredimensionada, al menos en el corto plazo. Además, existe una falta de conocimiento entre trabajadores en general y una falta de trabajadores especializados en IA, lo que también limita su adopción.
“En muchos casos no se dan cuenta de que están adoptando un modelo que no fue elaborado con bases de datos propias de nuestra sociedad. Y esto puede, en vez de ser una solución, generar un problema (…) si usted va a la empresa más básica, y pregunta cuáles son sus bases de datos, si está estructurada, si está ordenada y demás, la respuesta va a ser no. Y la IA sin datos no funciona”.
Sin duda, los cuellos de botella existen y ralentizan la adopción de la IA, pero el escenario va cambiando. Ahora vemos iniciativas que se encaminan a desarrollar modelos de IA más aptos para el mercado latinoamericano. LatamGPT, un proyecto liderado por Chile con la participación de instituciones de 15 países[23] de la región, incluyendo Ecuador[24], empezó en 2023 y fue lanzado en febrero de este año[25]. Esta iniciativa pretende crear un modelo que incluya más datos regionales.
Pero solo estamos en la fase inicial de la revolución, los datos seguirán creciendo y eso es lo que se ve en la práctica. Las barreras al uso de las tecnologías están, e irán cayendo. A pesar de estar rezagado en este momento, parece inevitable que el país, y las empresas, incluyendo las PYMES, adopten cada vez más elementos de la IA. Como dice Harari, este es un proceso extendido.
Y en un proceso de esta magnitud parece inevitable que una mayor adopción equivalga a mayores impactos negativos en el empleo, aun cuando estos demoren en manifestarse. Y si el nivel de empleo cae, habrá un efecto en cascada. Los dueños de los negocios ganarán más a través de una mayor productividad, mientras los trabajadores y sus familias perderán empleos e ingresos.
Habrá menos dinero en circulación debido a la caída del nivel de empleo, y, de ahí, menos ventas, lo que, a su turno, tendrá impactos en el nivel de consumo y de ahí, en la recaudación tributaria. Es el camino hacia mayor desigualdad y mayor pobreza, y tal vez, más importante aún, una pérdida de rumbo, tanto a nivel personal como colectivo.
Sin empleo, sin igualdad, y sin dignidad.
¿Habrá formas de reducir el impacto de la IA? Según Andrés Mideros, docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), una posibilidad será entrar en un nuevo concepto de la división social del trabajo, es decir, “no tener que trabajar ocho horas, sino cuatro, ganando lo mismo, porque la productividad es súper alta gracias a la tecnología. Claro está, dice, para las empresas y empresarios grandes, esto no sería la solución preferida.”
Tampoco será la solución perfecta para un país como Ecuador, donde solo valdría para un 30% de la población económica activa (PEA). Entonces, pregunta Mideros: “¿En qué caemos? Si en un escenario en el que efectivamente la inteligencia artificial empiece a desplazar humanos, trabajo humano, digamos, y no se da una división social del trabajo, una redistribución de las ganancias de productividad, lo que vamos a tener es una precarización bárbara”.
Y continúa: “Ahora los autoritarismos también vemos que van ganando en este momento. Están más organizados los autoritarismos y los fascismos frente a las posibilidades sociales de plantear unos cambios radicales. Entonces, eso también te lleva a unas sociedades más violentas, más conflictivas (…)
Otra opción es que los trabajadores se readecuen y adquieran nuevas destrezas. Tampoco parece una solución realista. Será difícil hacerlo sin trabajo o dinero. Por tanto, recapacitar implica la intervención del Estado, pero aquí en Ecuador, tanto como en muchos países de América Latina, sobre todo los con gobiernos del estilo Milei y Noboa, si es que hay ayuda del Estado, es dudoso que haya de la escala necesaria.
La pregunta clave para esta nueva época, dice MIderos, será cómo repensar los derechos vinculados al mundo del trabajo, el empleo, y los cuidados en la época de la IA. “Es toda una reflexión profunda”.
Organizaciones internacionales como la OIT y la CEPAL también ven un escenario disruptivo y recomiendan que los estados inviertan aproximadamente el 4,7% de su PIB en políticas de cuidados, con el objetivo de generar empleos de calidad que, a la vez, impulsarían la igualdad de género.
Pero estas son soluciones para países ricos, y otra vez nos encontramos con la misma pregunta. ¿Estados con gobiernos como el de Daniel Noboa y Javier Milei, que operan de la mano con el Fondo Monetario Internacional cuyas recetas económicas van en sentido contrario, van a implementar esta clase de políticas?
Y si no prestamos atención a la parte social, dice Mideros, a la parte humana, a las consecuencias de la desigualdad y la pobreza, “levantas las tensiones sociales y probablemente, sí, vas construyendo un caldo de cultivo para autoritarismos o para revoluciones que siempre van de la mano”.
Y aquí enfrentamos otro aspecto de la IA, la vigilancia y el control social. En un entorno social que fácilmente podría tornarse violento y conflictivo debido a la creciente desigualdad, se está desarrollando el modelo de LatamGPT con la participación de varios países. Las implicaciones de esta iniciativa para la seguridad no están totalmente claras, pero la presencia de las empresas Palantir y OpenAI en Argentina, con el beneplácito del presidente Javier Milei, plantea preguntas serias sobre el uso de la inteligencia artificial para el control de poblaciones empobrecidas. Y este es otro debate que se necesita tener.
Referencias
[1] https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/EMPLEO/2025/Trimestre_I/2025_I_Trimestre_Boletin_empleo.pdf
[2] https://www.iadb.org/es/blog/mercados-laborales/la-evolucion-del-mercado-laboral-en-america-latina-y-el-caribe-como-mejorar-empleo-ingresos-y
[3] El desempleo se define como personas activamente buscando trabajo sin encontrarlo.
[4] https://revistasumma.com/1-de-cada-5-jovenes-en-america-latina-ni-estudia-ni-trabaja/
[5] Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (Enemdu), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
[6] Boletín de Flacso Ecuador • Junio 2026 • Número 3.
[7] Banco Central https://contenido.bce.fin.ec/documentos/Estadisticas/Hidrocarburos/ASP201512.pdf
[8] Las Mujeres y La Pobreza “Diversos estudios reflejan que las niñas pobres tienen una probabilidad 2,5 veces mayor de casarse en su infancia que las que pertenecen al quintil más rico.” https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/end-violence-against-women/2014/poverty
[9] China has won the AI war & US firms will go bust | Andrew Neil x Steve Keen https://www.youtube.com/watch?v=5zJrgmfLsy0
[10] Trump administration weighs ban on Chinese AI models Chamath Palihapitiya https://www.youtube.com/shorts/Ka2y-0Of0Dc https://www.youtube.com/shorts/Ka2y-0Of0Dc
[11] https://www.youtube.com/shorts/Ka2y-0Of0Dc https://www.scmp.com/tech/tech-trends/article/3362583/potential-us-ban-chinese-ai-models-could-cost-american-businesses-us12b-year-report
[12] https://www.businessinsider.com/goldman-sachs-economist-predicts-ai-displacing-15-million-jobs-2026-7
[13] Can America retrain workers before AI leaves them behind? Success will require investing in employees as seriously as America invests in chips. The Economist 02 de julio 2026 https://www.economist.com/united-states/2026/08/02/can-america-retrain-workers-before-ai-leaves-them-behind?
[14] Yuval Harari The end of lifetime careers – El fin de las carreras de por vida. https://www.youtube.com/shorts/cn9GRAahlLE
[15] Oracle, Amazon, Anthropic, OpenAI, y Google
[16] https://www.latimes.com/business/story/2026-07-10/big-tech-piles-on-350-billion-in-debt-to-fuel-ai-data-center-race
[17] https://www.thetimes.com/business/companies-markets/article/big-tech-ai-data-centres-debt
[18] Conversación con la economista Diana Veintimilla de la Universidad Central del Ecuador. 24 de julio 2016 [19] https://www.cepal.org/en/pressreleases/latin-american-artificial-intelligence-index-ilia-reconfirms-chile-brazil-and-uruguay
[20] Conversación con la economista Diana Veintimilla de la Universidad Central del Ecuador. 24 de julio 2016
[21] https://www.primicias.ec/economia/inteligencia-artificial-desconocimiento-trabajadores-ecuador-90748/
[22] https://www.primicias.ec/economia/empresas/trabajadores-ecuador-inteligencia-artificial-citec-uide-123575/
[23] La Politécnica Nacional de Ecuador forma parte de esta iniciativa. https://www.elcomercio.com/opinion/latam-gpt-equivalente-latinoamericano-chatgpt-marco-benelcazar-columnista
[24] Otras instituciones participando, son la Universidad del Espíritu Santo, y el IAEN.
[25] https://apnews.com/article/chile-latam-gpt-artificial-intelligence-spanish-a2d914ff6c06b230decf930760ccb44f


