El analista Marc Saint-Upéry analiza la situación política de Venezuela. No duda en calificar al gobierno de Nicolás Maduro como un régimen dictatorial, a la vez que se refiere al «empate catastrófico» e interroga críticamente la posibilidad de una intervención armada en el país. ¿Cuál es el futuro político del gobierno y de la oposición? ¿Qué sucede y que sucederá con los sectores populares en este escenario?

Resulta irónico que en Oriente algunas mujeres luchan por quitarse el hiyab, el burka y otras series de prendas de vestir impuestas por el machismo y el patriarcado; y por el contrario, algunas mujeres originarias de Oriente y que viven en Occidente luchan porque no les quiten o les prohíban usar esos distintos velos de ocultación de la mujer. Y lo más sorprendente es que algunas de estas mujeres que llevan el velo patriarcal hablan de feminismo y dicen que representan al feminismo musulmán o al islámico.

En contexto

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue dividida en la parte occidental que mantuvo relaciones capitalistas de producción y la oriental que estableció la propiedad social de los medios de producción. Mientras Alemania occidental registraba en un crecimiento económico significativo hasta constituirse en la mayor economía de Europa y elevaba el nivel de vida de la población, en Alemania Oriental las condiciones económicas y sociales eran diferentes, y además la población no podía movilizarse libremente fuera de sus fronteras.

Antecedentes históricos de la crisis

La izquierda en Venezuela siempre fue una situación de guerra, ser de izquierda era sinónimo de violencia revolucionaria, pero la insurgencia  fue controlada y prácticamente erradicada por la socialdemocracia y el reformismo a fines de los años sesenta.  El  Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que situaron el tema  del socialismo y la revolución con programa de lucha armada fueron derrotados a mediados de los años sesenta.  La internacional  socialista en su consabida práctica apaga incendio, copó la agenda de los insurrectos y se hicieron del poder para entregárselo a la burguesía (Guaido es parte de esa tendencia).

Hasta el momento, la experiencia histórica ha demostrado que los partidos y sindicatos en armas son más efectivos para contener el fascismo que las batucadas del “Ele Não” brasileño, la democracia liberal o el desprecio al populismo de izquierdas. No podemos seguir permitiéndonos el lujo de no afrontar, con la seriedad que lo requiere y desde una visión de clase, las migraciones globales.

Afortunadamente, quien declaró que la opción menos costosa para la crisis venezolana son unas elecciones completas, con tutoría de Naciones Unidas, ha sido José Mujica. Si lo hubiera dicho otro mortal, la izquierda boba del continente lo habría acusado de ser agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de hacerle el juego al imperialismo yanqui o peor aún, de ser parte de la conspiración mundial de la derecha en contra de los procesos revolucionarios. (Seguramente no faltará algún asalariado de los gobiernos populistas de la región que lo acuse de padecer demencia senil).