La Unidad de Inteligencia de la revista The Economist (EIU por sus siglas en inglés) realiza una clasificación anual de los regímenes políticos en 167 países del mundo. Utiliza 60 indicadores que definen lo que denominan como índice de democracia. La clasificación tiene cuatro niveles: democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.

Inicio este artículo después de ser parte de varias movilizaciones en el mes de noviembre del 2018: la primera organizada por el movimiento indígena ecuatoriano que atravesó todo el país pidiendo al gobierno de Lenín Moreno se respete el mandato ciudadano y se prohíba las actividades mineras en las áreas previamente definidas. La segunda cuando los estudiantes se levantaron en contra del anuncio del Gobierno: reducir el presupuesto para la Educación Superior en el 2019.

Cual círculos concéntricos se difunden en América Latina los impactos de la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil. Colombia no es la excepción. Más allá de que en este país han prevalecido los gobiernos conservadores, el triunfo de una derecha extrema en Brasil debe ser analizado. Las izquierdas del continente están conminadas a aprender de lo que allí sucedió.

Muchos millones alegres; otros miles disgustados; así es esto de la ideología y la política. Alegres las inmensas mayorías por tener la confianza en que, al fin, les aumentaran los salarios, crecerán sus ingresos, serán menos miserables. Por el contrario, una minoría –la derecha política, los empresarios, los medios de información y sus “intelectuales”- no pueden esconder su disgusto porque esperaban otro fraude electoral (antiAMLO) como los de 2006 y 2012. Sin embargo de manera oportunista muchos de éstos se han alineado, pero tienen la esperanza que la crítica contra el presidente y la oposición crezcan.