Es una creencia generalizada pensar que de la crisis y los problemas suelen surgir nuevas oportunidades. Ojalá que la pandemia del coronavirus no se escape de esta afirmación, sobre todo cuando el confinamiento y el cierre de las actividades económicas tienen efectos diferenciados entre la población. Aunque la angustia y el temor por nosotros y quienes nos rodean están presentes en todos los seres humanos, hay quienes podrán soportar el confinamiento en una mejor situación que la gran mayoría de la población del planeta.

El mercado de San Roque es uno de los centros de acopio más transitados de Quito. Desde allí cientos de productores, estibadores y vendedores abastecen diariamente a la capital ecuatoriana con frutas, verduras, granos, pescados y carnes. El fotógrafo quiteño Luis Herrera R. muestra cómo la labor de las y los trabajadores de San Roque continúa, a pesar de la crisis provocada por el COVID19.

Las comunidades Nativas Americanas en varios territorios están acelerando rápidamente los esfuerzos para prepararse para la emergencia pandémica COVID-19. Su trabajo es ejemplar de cómo, a pesar de la mayor vulnerabilidad de las comunidades remotas, así como las disparidades de salud heredadas de siglos de abusos coloniales, los pueblos indígenas están utilizando todas las herramientas disponibles para construir comunidades más fuertes y ayudar a los más necesitados.

Con el desarrollo biotecnológico, el coronavirus es parte de una familia de tecnologías de poder que han aparecido en los laboratorios desde el siglo XX. No es el primer virus donde se aplica la biopolítica y el discurso del pánico global. Las plagas bíblicas guardan estrechos sentidos religiosos y políticos para el control de las poblaciones dentro de los discursos del orden social.

Diversas son las teorías que pretenden explicar el origen del coronavirus o Covid-19: las que advierten una guerra biológica por la disputa de la hegemonía mundial, las que culpan a los excéntricos gustos gastronómicos de los pueblos asiáticos e incluso aquellas que especulan sobre la mutación premeditada de la cepa en manos de las farmacéuticas para lucrar con las correspondientes vacunas.

Pandemia es el capitalismo, no el coronavirus. No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de emitir una alarma que someterá al mundo entero a esa perversa ecuación comercial entre pánico y consumo. Como tantas otras veces en la historia, las gigantescas corporaciones médicas harán su agosto vendiendo mascarillas, medicamentos, tratamiento e insumos de laboratorio.