Trabajo colaborativo entre La Línea de Fuego, Acapana, Radio Periférik y mutantia.ch

Debido a la pandemia de hace dos meses se formaron brigadas campesinas para entregar alimentos a las personas más vulnerables del país. Para el dirigente de la Federación de Centros Agrícolas y Organizaciones Campesinas del Litoral, Richard Intriago, no cabe duda: el sistema alimentario de las ciudades, así como de producción agrícola industrial con sus intermediarios, está obsoleto. El futuro viene de la mano de la agroecología, la venta directa y el trueque.

Escuché por la radio a un personero de la Cámara de Agricultura de la II Zona hablar en tono de alarma sobre el difícil abastecimiento de productos agrícolas en Guayaquil. Reconoció que los agricultores serranos son los mayores proveedores de alimentos a las ciudades costeñas, pero que el comercio  iba a ser cada vez más limitado debido a la reducida extensión de los cultivos indígenas, que no pasan de unas pocas hectáreas.

 El temor a un contagio con Covid-19 en las comunidades de Warints y Yawi, en el sur del Ecuador disminuyó. Ayer, el gobernador de la provincia de Morona Santiago dijo que las pruebas dieron negativo. Sin embargo quedan varias preguntas sin responder ¿Por qué no se realizó un testeo masivo del Covid-19 y por qué el puesto de Salud Pública dentro de la comunidad fue abandonado durante semanas, como informa la empresa minera?

Algunos pueblos del Ecuador precolombino terminaron su etapa de florecimiento sin dejar mayores vestigios.  Es el caso de los paltas. ¿Qué pasó con ellos?  Las Noticias Cronológicas del Cuzco traen el dato de que Huayna Capac en 1460 sometió a cañaris y a paltas, quienes pusieron resistencia. Por su rebeldía fueron trasladados en su mayoría a regiones del sur y en su reemplazo, trajeron una población de comprobada lealtad al inca, los saraguros, que se asentaron en lo que es hoy, la provincia de Loja.

El COVID-19 preocupa a las comunidades indígenas y campesinas del Ecuador. Leónidas Iza Salazar, presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi habla sobre la emergencia sanitaria en las comunidades, el rol del Estado en torno a la producción agrícola y la importancia de suspender el pago de los créditos para toda la ciudadanía.

Las comunidades Nativas Americanas en varios territorios están acelerando rápidamente los esfuerzos para prepararse para la emergencia pandémica COVID-19. Su trabajo es ejemplar de cómo, a pesar de la mayor vulnerabilidad de las comunidades remotas, así como las disparidades de salud heredadas de siglos de abusos coloniales, los pueblos indígenas están utilizando todas las herramientas disponibles para construir comunidades más fuertes y ayudar a los más necesitados.

Varios estudiosos han advertido que en la comunidad Salasaca se ha mantenido cierta pluralidad étnica que incluye una alianza de elementos culturales diversos. Considerando que en una etapa lejana, los Salasaca vivían en el actual Pelileo -hasta ahora tienen ahí sitios sagrados- cabe pensar que ocuparon un área mucho más extensa, incluyendo pequeños pueblos emparentados entre sí: Panzaleo, Chibuleo, Tizaleo y el propio Pelileo.

En algunos medios se ha vuelto habitual referirse a los indígenas como  culpables principales de los desórdenes del pasado octubre, de la instigación a la violencia, del vandalismo, del secuestro de periodistas, del irrespeto a las autoridades, de las agresiones a los uniformados, de la inobservancia de los derechos humanos, de violación, de sedición…

Las condiciones de vida para los Tsáchila han sido adversas. Todo ha contribuido para que su territorio ancestral sea mutilado: la “reducción de pueblos” impuesta por los jesuitas, la viruela, la superposición territorial con otros pueblos (niguas y yumbos), la presencia de colonos, las disposiciones de la Reforma Agraria, la construcción de carreteras, la aparición  de la ciudad.

Noam Chomski ha dicho, en alguna parte, que los pueblos aborígenes están llamados a salvar a la humanidad. Para que esta afirmación tenga valor político real, se tendrá primero que aceptar que, más allá de la filosofía occidental, existen otras filosofías, independientes, que han nacido y florecido fuera de los cánones gnoseológicos de las matrices griega, romana, hebrea o musulmana.

Según el antropólogo José Matos Mar, “las comunidades indígenas del área centro-andina (Ecuador, Perú y Bolivia) constituyen una forma propia y peculiar de organización social de un amplio sector de la población campesina del  país y responden a un  tradicional patrón de establecimiento, claramente diferenciado dentro del conjunto de instituciones de las sociedades en que están insertas. Su importancia es tal que conjuntamente con la hacienda es uno de los pilares de la estructura agraria andina.