El COVID-19 preocupa a las comunidades indígenas y campesinas del Ecuador. Leónidas Iza Salazar, presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi habla sobre la emergencia sanitaria en las comunidades, el rol del Estado en torno a la producción agrícola y la importancia de suspender el pago de los créditos para toda la ciudadanía.

Las comunidades Nativas Americanas en varios territorios están acelerando rápidamente los esfuerzos para prepararse para la emergencia pandémica COVID-19. Su trabajo es ejemplar de cómo, a pesar de la mayor vulnerabilidad de las comunidades remotas, así como las disparidades de salud heredadas de siglos de abusos coloniales, los pueblos indígenas están utilizando todas las herramientas disponibles para construir comunidades más fuertes y ayudar a los más necesitados.

Varios estudiosos han advertido que en la comunidad Salasaca se ha mantenido cierta pluralidad étnica que incluye una alianza de elementos culturales diversos. Considerando que en una etapa lejana, los Salasaca vivían en el actual Pelileo -hasta ahora tienen ahí sitios sagrados- cabe pensar que ocuparon un área mucho más extensa, incluyendo pequeños pueblos emparentados entre sí: Panzaleo, Chibuleo, Tizaleo y el propio Pelileo.

En algunos medios se ha vuelto habitual referirse a los indígenas como  culpables principales de los desórdenes del pasado octubre, de la instigación a la violencia, del vandalismo, del secuestro de periodistas, del irrespeto a las autoridades, de las agresiones a los uniformados, de la inobservancia de los derechos humanos, de violación, de sedición…

Las condiciones de vida para los Tsáchila han sido adversas. Todo ha contribuido para que su territorio ancestral sea mutilado: la “reducción de pueblos” impuesta por los jesuitas, la viruela, la superposición territorial con otros pueblos (niguas y yumbos), la presencia de colonos, las disposiciones de la Reforma Agraria, la construcción de carreteras, la aparición  de la ciudad.

Noam Chomski ha dicho, en alguna parte, que los pueblos aborígenes están llamados a salvar a la humanidad. Para que esta afirmación tenga valor político real, se tendrá primero que aceptar que, más allá de la filosofía occidental, existen otras filosofías, independientes, que han nacido y florecido fuera de los cánones gnoseológicos de las matrices griega, romana, hebrea o musulmana.

Según el antropólogo José Matos Mar, “las comunidades indígenas del área centro-andina (Ecuador, Perú y Bolivia) constituyen una forma propia y peculiar de organización social de un amplio sector de la población campesina del  país y responden a un  tradicional patrón de establecimiento, claramente diferenciado dentro del conjunto de instituciones de las sociedades en que están insertas. Su importancia es tal que conjuntamente con la hacienda es uno de los pilares de la estructura agraria andina.

#OrangeShirtDay: Los sobrevivientes de los internados hablan, buscan la verdad y la sanación

El 30 de septiembre o el #OrangeShirtDay se ha convertido en Canadá, y lentamente en los EE. UU., en un día de resistencia y resiliencia para los varias generaciones de sobrevivientes de los internados indígenas: una cruel práctica colonial de separación de familias y niños, forzados a una “asimilación” en la sociedad capitalista cristiana blanca, que comenzó en la década de 1860 y duró más de un siglo.

Los pueblos originarios de Abya Yala fueron grandes culturas y civilizaciones (Incas, Mayas, Aztecas,  Guaraníes, entre otros), tuvieron  una clara división social y una cosmovisión precisa muy desarrollada.  Adaptados  a distantes  geografías crearon un arte muy elevado, tecnologías y conocimientos. Aspectos que las historias oficiales siempre  han encubierto por defender  el “ego superior” europeo.